El mundo visto por la directora deportiva.
Es difícil no emocionarse en ese momento. El neopreno olvidado, un mar de olas
horrible, saber que se iba a 90 km de bici mojado, con viento y lluvia. El de la
organización pidiendo que hiciesen caso pues el viento se llevaba a las bicis en
las cuestas abajo, se va para no verle en 3 horas, y después 21 km de carrera a
pie que en este caso iba bastante entero. Cuando entra en la meta cogido de sus
manos, en fin .... Como decían allí, esto si que es practicar deporte y no lo de
la Roja. Un beso.
viernes, 13 de julio de 2012
martes, 10 de julio de 2012
VII Triatlón Valle de Buelna
Con un regusto amargo
Perdona, ¿me puedes hacer un favor? ¿Tendrás un bidón con agua de sobra? Conseguí un bidón con sales usado y un bote de medio litro de una bebida isotónica, relleno de agua. Para un tipo escrupuloso como yo no es un buen comienzo, pero mejor eso que empezar en la bici sin bebida. Me fui a boxes y a esperar un neopreno que no llegaba. Lo cierto es que ya me había hecho a la idea de nadar sin él. El mar abierto no me preocupa y me decía que para cuarenta minutos escasos, no tendría porque preocuparme la temperatura. Pero lo cierto es que la experiencia de hace un par de años en la travesía de A Guarda me pesaba y todavía no había probado el agua.
Unos minutos antes de la salida, me encuentro con el ínclito Mildolores. Me alegré un montón de ponerle voz y saber de él por él, aunque las noticias que traía no fueran las mejores. Nos hicimos la foto de rigor, en la que claramente se observan dos hechos: uno, en unos sitios de la península ha dado el sol más que en otros y dos, se me había ido la mano con la crema solar.
La natación era a dos vueltas. Salimos con sol y acabamos con un vendaval. A pesar de la buena temperatura del agua, acabé la primera vuelta con algún síntoma de que empezaba a enfriarme. Miré el reloj y marcaba ¡23 minutos! ¿Fue la falta de neopreno? ¿Me desorienté? ¿La distancia estaba mal medida? Nada de eso tuvo importancia, se levantó el aire y el cielo empezó a cubrirse. El agua formaba multitud de pequeñas olas, algunas ya coronadas con espuma. No veía la siguiente boya y era consciente de que apenas avanzaba. Al final, necesité más de cincuenta minutos para completar un segmento en el que me las prometía muy felices antes de llegar a Cantabria. Salí del agua molesto, corriendo por la playa desganado y pensando que apenas había empezado y ya tenía difícil bajar de las seis horas.
Al llegar a boxes encuentro el caso y las gafas tirados por el suelo, fuera de mi sitio. Me pongo calcetines y zapatillas sin prisa excesiva. Me pregunto si seré capaz de acabar la prueba. Me obligo a no pensar. Salgo de boxes y en cuanto llego al primer sitio descubierto el aire me inclina. En nada todo está cubierto. Subo tranquilo el primer repecho del día: "noventa kilómetros, con fresco, con aire, después de más de cincuenta minutos nadando...si a mi lo que me va es el calor. A ver hasta donde llego".
En mi plan figuraba que la bici la haría entre 25 y 26km/h. Ya sé que son velocidades muy pobres. Mi golpe de pedal es el que es (o quizás no). Así, no me preocupé de mirar la velocidad. Buscaba mi ritmo y aunque las piernas me respondían, no estaba cómodo. Las primeras rampas no me emocionaron. Pero sí disfruté la subida al alto de San Cipriano y el medio plátano que me dieron junto al botellín de agua. En la bajada fui conservador. En mi mente tenía el recuerdo de la crónica del Ciego Sabino y creo que hasta podría identificar la curva en la que se accidentó. No estaba dispuesto a abandonar por una causa así. La primera parte del viaje era triatlética, la segunda de turismo y no podía hacerle una faena como esa a la afición.
Después de algunos sube y baja, llegué a Los Corrales de Buelna con la piel de gallina. No era la emoción. Apenas llevaba algo más de cuarenta kilómetros. Tenía frío. Estaba cansado, sin ganas de seguir pedaleando. Tuve la tentación de irme al hotel y dejarlo allí mismo. Pero jugueteando con el reloj vi que mi media superaba los 27km/h. Pues no iba tan mal. Decidí seguir, en realidad nunca había decidido lo contrario, y continué en dirección a alguna parte. Después de un tramo de subida llegó la hora de hacer una parada técnica. Dos largos minutos en los que solo me adelantó otro triatleta. Efectivamente, iba a cola del pelotón. Continué una sucesión de rectas y glorietas que casi acaba con mi paciencia. El premio, un avituallamiento con bidón de sales, gominola y plátano. Cual vulgar chimpancé, agarré con todo y salí bebiendo y comiendo con una sonrisa en la boca. Conté a cinco que llevo detrás y me prometí no dejar pasar a ninguno más. ¡Qué ya estaba bien!
Tras pasar por Los Corrales, otra vez, me dirigí a San Felices y de ahí a la última dificultad ciclista. Empezó a llover y volví a sentir frío. Me notaba cansado pero subía con ritmo. Coroné, bajé, la sensación de frío se intensificó, mi media había bajado de los 27 y, por fin, llegué al estadio al tiempo que me preguntaba si sería capaz de dar un paso más.
Pero, al igual que me pasó en Aveiro, me encontré con que, no solo tenía fuerzas para correr, sino que mi ritmo era muy decente. Así, me puse a correr a poco más de 5min/km y mantuve ese ritmo durante toda la carrera a pie. Durante la larguísima primera vuelta y también durante las cinco pequeñas vueltas. Únicamente en las dos últimas empezé a flojear de cabeza aunque, a decir verdad, esto no se reflejó en el ritmo. Y por primera vez, entré en meta acompañado de mis hijas. Los tres contentos y cansados.
Epílogo
Más de seis horas de carrera. Una natación que no hizo justicia a los entrenos realizados. Una bici de la que intuyo que debo ser más valiente e ir más deprisa. Una carrera a pie que, por el momento, cubre mis expectativas. Finalizar Buelna era algo que realmente deseaba porque es un triatlón más bien duro. Sin embargo, no hice la mejor carrera que podía haber hecho. El fallo del neopreno, la cabeza muy suelta...queda para otra ocasión demostrarme que puedo ser más rápido.
A esta organización hay que felicitarle por el enorme trabajo realizado. Lo que entregan por lo que se paga es extraordinario aunque, si se me permite, criticaría dos puntos. El circuito de natación debería estar mejor balizado. No todo el mundo se orienta bien con las boyas tan lejos y sobre todo en condiciones de mar como las de la segunda vuelta. Y debería de haber uno o dos avituallamientos más en la bici y, si hace falta, se quita alguno de la carrera a pie.
Perdona, ¿me puedes hacer un favor? ¿Tendrás un bidón con agua de sobra? Conseguí un bidón con sales usado y un bote de medio litro de una bebida isotónica, relleno de agua. Para un tipo escrupuloso como yo no es un buen comienzo, pero mejor eso que empezar en la bici sin bebida. Me fui a boxes y a esperar un neopreno que no llegaba. Lo cierto es que ya me había hecho a la idea de nadar sin él. El mar abierto no me preocupa y me decía que para cuarenta minutos escasos, no tendría porque preocuparme la temperatura. Pero lo cierto es que la experiencia de hace un par de años en la travesía de A Guarda me pesaba y todavía no había probado el agua.
Unos minutos antes de la salida, me encuentro con el ínclito Mildolores. Me alegré un montón de ponerle voz y saber de él por él, aunque las noticias que traía no fueran las mejores. Nos hicimos la foto de rigor, en la que claramente se observan dos hechos: uno, en unos sitios de la península ha dado el sol más que en otros y dos, se me había ido la mano con la crema solar.
La natación era a dos vueltas. Salimos con sol y acabamos con un vendaval. A pesar de la buena temperatura del agua, acabé la primera vuelta con algún síntoma de que empezaba a enfriarme. Miré el reloj y marcaba ¡23 minutos! ¿Fue la falta de neopreno? ¿Me desorienté? ¿La distancia estaba mal medida? Nada de eso tuvo importancia, se levantó el aire y el cielo empezó a cubrirse. El agua formaba multitud de pequeñas olas, algunas ya coronadas con espuma. No veía la siguiente boya y era consciente de que apenas avanzaba. Al final, necesité más de cincuenta minutos para completar un segmento en el que me las prometía muy felices antes de llegar a Cantabria. Salí del agua molesto, corriendo por la playa desganado y pensando que apenas había empezado y ya tenía difícil bajar de las seis horas.
Al llegar a boxes encuentro el caso y las gafas tirados por el suelo, fuera de mi sitio. Me pongo calcetines y zapatillas sin prisa excesiva. Me pregunto si seré capaz de acabar la prueba. Me obligo a no pensar. Salgo de boxes y en cuanto llego al primer sitio descubierto el aire me inclina. En nada todo está cubierto. Subo tranquilo el primer repecho del día: "noventa kilómetros, con fresco, con aire, después de más de cincuenta minutos nadando...si a mi lo que me va es el calor. A ver hasta donde llego".
En mi plan figuraba que la bici la haría entre 25 y 26km/h. Ya sé que son velocidades muy pobres. Mi golpe de pedal es el que es (o quizás no). Así, no me preocupé de mirar la velocidad. Buscaba mi ritmo y aunque las piernas me respondían, no estaba cómodo. Las primeras rampas no me emocionaron. Pero sí disfruté la subida al alto de San Cipriano y el medio plátano que me dieron junto al botellín de agua. En la bajada fui conservador. En mi mente tenía el recuerdo de la crónica del Ciego Sabino y creo que hasta podría identificar la curva en la que se accidentó. No estaba dispuesto a abandonar por una causa así. La primera parte del viaje era triatlética, la segunda de turismo y no podía hacerle una faena como esa a la afición.
Después de algunos sube y baja, llegué a Los Corrales de Buelna con la piel de gallina. No era la emoción. Apenas llevaba algo más de cuarenta kilómetros. Tenía frío. Estaba cansado, sin ganas de seguir pedaleando. Tuve la tentación de irme al hotel y dejarlo allí mismo. Pero jugueteando con el reloj vi que mi media superaba los 27km/h. Pues no iba tan mal. Decidí seguir, en realidad nunca había decidido lo contrario, y continué en dirección a alguna parte. Después de un tramo de subida llegó la hora de hacer una parada técnica. Dos largos minutos en los que solo me adelantó otro triatleta. Efectivamente, iba a cola del pelotón. Continué una sucesión de rectas y glorietas que casi acaba con mi paciencia. El premio, un avituallamiento con bidón de sales, gominola y plátano. Cual vulgar chimpancé, agarré con todo y salí bebiendo y comiendo con una sonrisa en la boca. Conté a cinco que llevo detrás y me prometí no dejar pasar a ninguno más. ¡Qué ya estaba bien!
Tras pasar por Los Corrales, otra vez, me dirigí a San Felices y de ahí a la última dificultad ciclista. Empezó a llover y volví a sentir frío. Me notaba cansado pero subía con ritmo. Coroné, bajé, la sensación de frío se intensificó, mi media había bajado de los 27 y, por fin, llegué al estadio al tiempo que me preguntaba si sería capaz de dar un paso más.
Pero, al igual que me pasó en Aveiro, me encontré con que, no solo tenía fuerzas para correr, sino que mi ritmo era muy decente. Así, me puse a correr a poco más de 5min/km y mantuve ese ritmo durante toda la carrera a pie. Durante la larguísima primera vuelta y también durante las cinco pequeñas vueltas. Únicamente en las dos últimas empezé a flojear de cabeza aunque, a decir verdad, esto no se reflejó en el ritmo. Y por primera vez, entré en meta acompañado de mis hijas. Los tres contentos y cansados.
Epílogo
Más de seis horas de carrera. Una natación que no hizo justicia a los entrenos realizados. Una bici de la que intuyo que debo ser más valiente e ir más deprisa. Una carrera a pie que, por el momento, cubre mis expectativas. Finalizar Buelna era algo que realmente deseaba porque es un triatlón más bien duro. Sin embargo, no hice la mejor carrera que podía haber hecho. El fallo del neopreno, la cabeza muy suelta...queda para otra ocasión demostrarme que puedo ser más rápido.
A esta organización hay que felicitarle por el enorme trabajo realizado. Lo que entregan por lo que se paga es extraordinario aunque, si se me permite, criticaría dos puntos. El circuito de natación debería estar mejor balizado. No todo el mundo se orienta bien con las boyas tan lejos y sobre todo en condiciones de mar como las de la segunda vuelta. Y debería de haber uno o dos avituallamientos más en la bici y, si hace falta, se quita alguno de la carrera a pie.
jueves, 5 de julio de 2012
Me vais a perdonar pero...
... he estado entrenando. Y también trabajando. Además, lo que se me pasa por la cabeza no quiero contarlo. Porque es negativo, porque estoy cansado, porque no debo, por lo que sea.
Y en esas ha pasado el mes de junio y mañana salgo para Buelna. Vamos a por el segundo medio ironman. Seguramente escriba una crónica. Puede que ese sea el futuro de este blog. Puede que un día me canse y lo cierre.
Eso sí. Seguimos tratando de disfrutar de lo que tenemos. Y para ello, lo mejor es no leer el periódico.
Además, como estaba preocupado con las subidas de Buelna, me he dedicado a subir más de lo habitual. Y el resultado ha sido muy gratificante. No por los ritmos de pena que he hecho, sino por los nuevos lugares que he conocido.
Ha merecido la pena. Y lo seguirá mereciendo.
Y en esas ha pasado el mes de junio y mañana salgo para Buelna. Vamos a por el segundo medio ironman. Seguramente escriba una crónica. Puede que ese sea el futuro de este blog. Puede que un día me canse y lo cierre.
Eso sí. Seguimos tratando de disfrutar de lo que tenemos. Y para ello, lo mejor es no leer el periódico.
Además, como estaba preocupado con las subidas de Buelna, me he dedicado a subir más de lo habitual. Y el resultado ha sido muy gratificante. No por los ritmos de pena que he hecho, sino por los nuevos lugares que he conocido.
Ha merecido la pena. Y lo seguirá mereciendo.
domingo, 3 de junio de 2012
De ruta por el Gran Vigo
El programa decía que tenía que hacer entre tres horas y tres horas y media, incluyendo un par de subidas largas y un par de series acoplado. Como estoy más preocupado por subir que por ir rápido, decidí darme una vuelta por los alrededores. Salir por un extremo de Vigo y regresar por el opuesto. Eso sí, sin madrugar. Abandono mi morada a las once de la mañana, como un señor.
A esas horas ya habrá quien esté degustando unas ostras en el casco viejo, a pesar de que era bastante temprano. Personalmente, preferiría un chocolate con churros en el Bonilla. No obstante, mi sustento para la salida consistía en una docena de dátiles y un litro de agua. Salgo por Sanjurjo Badía hacia Chapela. Saludo al diario decano de la prensa española y junto al puente de Rande un poco de sol me hace feliz. La bici es un juguete para niños y mayores.
Llego a Redondela. A la entrada del pueblo un cartel reza: para ostras Arcade, para chocos Redondela y para rapazas bonitas, Santiago de Compostela. Sin embargo, no llego a entrar en la zona urbana. Paso junto al Convento de Vilavella, conocido por organizar banquetes y enfilo la primera subida seria del día. Justo al pie de la ascensión, adelanto a un par de cicloturistas sexagenarios. Un gran plan para la jubilación.
El destino de esta carretera no es otro que el de Porriño, territorio ciclista. Cuando no estoy por ahí fuera, trabajo aquí, como miles de vigueses. Aquí compramos nuestro primer hamster, Fígaro, mi primer neopreno (y único por el momento) y mi primer rodillo (y no pienso comprar otro). En todo caso, si tuviese que recomendar un lugar en el que comer, enviaría al interesado a La Cueva, en los soportales junto al ayuntamiento. Es cierto que hay sitios más caros y mejores, pero a mí me gusta ese.
Pero no era el momento de unos chocos en su tinta con su arrocito blanco. Encaraba la principal subida del día, el alto de San Cosme. Como no soy un gran escalador, ni un medio escalador, me tocó sudar de lo lindo, entre otras cosas porque a mitad de camino comenzó a dar el sol. Fantástico. No continué hasta el mirador de Herbille porque quería ir hasta Gondomar.
La bajada a Gondomar, acoplado, por buena carretera, fue una gozada. Atravesé Vincios más preocupado del movimiento en las aceras que de otra cosa. Y llegué a Gondomar, en donde había mucha animación por la calle. A la una de la tarde, los paisanos disfrutaban de sus vinitos en agradable conversación. Los dejé atrás buscando la carretera de Baiona. En Nigrán, giré hacia el interior y me dispuse a dar cuenta del repecho y la última subida que me quedaban.
Después ya solo fue dejarme caer hacia Vigo de nuevo. Evité Canido. En un extremo de la playa hay un bar con una pequeña terraza que a esas horas siempre está atestada. El olor a berberechos, paella y otras delicias sería irresistible. Así, enlacé en frente de la playa del Bao hacia Samil y de ahí, a comer a casa.
A esas horas ya habrá quien esté degustando unas ostras en el casco viejo, a pesar de que era bastante temprano. Personalmente, preferiría un chocolate con churros en el Bonilla. No obstante, mi sustento para la salida consistía en una docena de dátiles y un litro de agua. Salgo por Sanjurjo Badía hacia Chapela. Saludo al diario decano de la prensa española y junto al puente de Rande un poco de sol me hace feliz. La bici es un juguete para niños y mayores.
Llego a Redondela. A la entrada del pueblo un cartel reza: para ostras Arcade, para chocos Redondela y para rapazas bonitas, Santiago de Compostela. Sin embargo, no llego a entrar en la zona urbana. Paso junto al Convento de Vilavella, conocido por organizar banquetes y enfilo la primera subida seria del día. Justo al pie de la ascensión, adelanto a un par de cicloturistas sexagenarios. Un gran plan para la jubilación.
El destino de esta carretera no es otro que el de Porriño, territorio ciclista. Cuando no estoy por ahí fuera, trabajo aquí, como miles de vigueses. Aquí compramos nuestro primer hamster, Fígaro, mi primer neopreno (y único por el momento) y mi primer rodillo (y no pienso comprar otro). En todo caso, si tuviese que recomendar un lugar en el que comer, enviaría al interesado a La Cueva, en los soportales junto al ayuntamiento. Es cierto que hay sitios más caros y mejores, pero a mí me gusta ese.
Pero no era el momento de unos chocos en su tinta con su arrocito blanco. Encaraba la principal subida del día, el alto de San Cosme. Como no soy un gran escalador, ni un medio escalador, me tocó sudar de lo lindo, entre otras cosas porque a mitad de camino comenzó a dar el sol. Fantástico. No continué hasta el mirador de Herbille porque quería ir hasta Gondomar.
La bajada a Gondomar, acoplado, por buena carretera, fue una gozada. Atravesé Vincios más preocupado del movimiento en las aceras que de otra cosa. Y llegué a Gondomar, en donde había mucha animación por la calle. A la una de la tarde, los paisanos disfrutaban de sus vinitos en agradable conversación. Los dejé atrás buscando la carretera de Baiona. En Nigrán, giré hacia el interior y me dispuse a dar cuenta del repecho y la última subida que me quedaban.
Después ya solo fue dejarme caer hacia Vigo de nuevo. Evité Canido. En un extremo de la playa hay un bar con una pequeña terraza que a esas horas siempre está atestada. El olor a berberechos, paella y otras delicias sería irresistible. Así, enlacé en frente de la playa del Bao hacia Samil y de ahí, a comer a casa.
Como éste debería llegar a Buelna, pero habrá que conformarse con algo menos.
miércoles, 30 de mayo de 2012
La alhóndiga de Bilbao
Hoy ha sido un día extraño. Un día en el que tuve la sensación de que nada encajaba. Quizás yo no encajé en él. Un día en el que cualquier noticia la hubiese dado por buena:
- Te vamos a promocionar
- Vale
- Te vamos a despedir
- Vale
- Te ha tocado la lotería
- No juego, pero vale
- Tendrás que pagar las "pérdidas" de los bancos
- Estamos en ello
Así, que cuando pregunté en el hotel a donde podía ir a nadar y me recomendaron ir a la Alhóndiga me pareció una buena idea. Un compañero me había hablado de que desde la planta baja del edificio se veia el suelo de la piscina, en parte transparente. Un sitio raro para un día raro.
La Alhóndiga era un viejo almacén de vinos y ahora es un espacio cultural y deportivo, al que Philippe Stark le dotó de una gran singularidad. Para no irme por las ramas lo calificaré sencillamente de una ida de olla genial.
Y allí me dirigí. Previo pago de seis eurazos, ascendí a la tercera planta me cambié y ¡sorpresa! No hay una piscina sino tres. Aquella reservada para el nado "convencional" estaba llena de bañistas. Los primeros largos fueron incómodos, pero se resolvieron sin problema. Al acabar, me dirigí a la segunda de las piscinas y me entretuve nadando sin prisas sobre los ventanales que daban al vacío de tres alturas. Lo curioso es que veía mi imagen reflejada e identifiqué un error en mi técnica del que era desconocedor. Sí, esto quizás sea un tanto enfermizo.
Ha merecido la pena ir hasta el viejo almacén, disfrutar de unos cientos de metros y reconciliarme durante unos instantes conmigo mismo y con el mundo. Bilbao es grande.
- Te vamos a promocionar
- Vale
- Te vamos a despedir
- Vale
- Te ha tocado la lotería
- No juego, pero vale
- Tendrás que pagar las "pérdidas" de los bancos
- Estamos en ello
Así, que cuando pregunté en el hotel a donde podía ir a nadar y me recomendaron ir a la Alhóndiga me pareció una buena idea. Un compañero me había hablado de que desde la planta baja del edificio se veia el suelo de la piscina, en parte transparente. Un sitio raro para un día raro.
La Alhóndiga era un viejo almacén de vinos y ahora es un espacio cultural y deportivo, al que Philippe Stark le dotó de una gran singularidad. Para no irme por las ramas lo calificaré sencillamente de una ida de olla genial.
Y allí me dirigí. Previo pago de seis eurazos, ascendí a la tercera planta me cambié y ¡sorpresa! No hay una piscina sino tres. Aquella reservada para el nado "convencional" estaba llena de bañistas. Los primeros largos fueron incómodos, pero se resolvieron sin problema. Al acabar, me dirigí a la segunda de las piscinas y me entretuve nadando sin prisas sobre los ventanales que daban al vacío de tres alturas. Lo curioso es que veía mi imagen reflejada e identifiqué un error en mi técnica del que era desconocedor. Sí, esto quizás sea un tanto enfermizo.
Ha merecido la pena ir hasta el viejo almacén, disfrutar de unos cientos de metros y reconciliarme durante unos instantes conmigo mismo y con el mundo. Bilbao es grande.
martes, 29 de mayo de 2012
¿Por qué no correr un Ironman?
O, ¿por qué correr un Ironman? Cada uno se plantea sus propias preguntas, o responde a las de otros, o directamente no se plantea nada. Personalmente sí me planteo correr un Ironman. Es más, me extrañaría que no lo intentase tarde o temprano. Sin embargo, y aquí está el quid de la cuestión, no lo voy a realizar a toda costa. No tengo ningún interés en colgarme una medalla de finisher tras completar una carrera arrastrándome hasta el límite de tiempo. Esto no quiere decir que no respete a quienes acaben tras 15, 16 o 17 horas de esfuerzo. Nada de eso.Iré cuando crea que lo pueda preparar con unas condiciones mínimas. Cuando opte a dar, si no lo mejor de mí, al menos una buena versión de mi mismo. Y si el resultado es malo porque no completo la carrera o lo hago con un tiempo muy largo, lo aceptaré como tal. Pero, desde luego, no voy a ir sin respetar la distancia entre las distancias y sin creer que voy a hacer un papel digno frente a mí mismo. Después de todo, a nadie más que a mí le importa realmente el resultado.
Y una vez aclarado esto, una pequeña revisión de los perfiles ciclistas a los que les he echado un vistazo. ¿Por qué los perfiles ciclistas? Porque 180km pueden dar mucho de sí en función de como sea el terreno y las condiciones meteorológicas. Por si fuera poco, nunca he realizado un recorrido tan largo, así que todo son suposiciones e imaginaciones. Imaginaciones como la de ser capaz de nadar casi 4km, completar la bici sin caerme y hacer una carrerita de 42km...y pico. El mismo día.
Ordenados de mayor a menor interés en correrlos, al menos, los cuatro primeros.
LANZAROTE
2.551m de desnivel positivo acumulado. Para un total de 180,2km, esto hace una media de ascensión de 14,2m/km. Supongo que este índice es una soberana tontería, pero es curioso compararlos. El perfil es el siguiente:
Demoledor. Apenas 20km de descanso antes de la maratón. Éste sí que me gustaría hacerlo. Algún día, pero quizás no sea el ideal para debutar.
NIZA
A Niza me gustaría ir con o sin IM de por medio. Desde que vi "Atrapa a un ladrón" (y desde la primera vez, la he visto un montón de veces), tengo claro que me gustaría retirarme allí. De ser posible con un 911 cabrio y a los 39 años (aunque me temo que este año tampoco va a tocar). A lo que iba. Según de quien te fíes, el desnivel acumulado varía entre los 1.250m y los 4mil y pico (siempre hay a quien le gusta exagerar). Supongo que el dato más fiable es el de 1.800m, que arroja un desnivel por kilómetro de 10m/km.
Es decir, más sencillo que Lanzarote y, además, creo que es un perfil más llevadero. Entre otras cosas porque el final es mucho más sencillo (sobre el papel).
FRANKFURT
Sí, ya sé que Roth debería de ir antes, pero es que tengo ganas de visitar la ciudad. Además, la meta es una preciosidad. Tiene que molar ganar la carrera y beberse la jarra de cerveza, pero eso lo dejaremos para mi próxima reencarnación. El perfil es claramente más sencillo que los anteriores. Apenas 1.000m para 194km (eso dice la información oficial), arrojan unos "ridículos" 5,2m/km.
Definitivamente, podría ser una buena opción. Pero no creo que sea mi primera opción.
ROTH
La catedral del triatlón. Esa cuesta de la que nunca recuerdo el nombre. Los verdes boxes. Un pueblo volcado con los triatletas. ¿Debería de estar en primer lugar? No, Lanzarote sigue siendo el más deseado, pero según el día Roth oscila en cualquiera de las posiciones 2 a 4.
En cualquier caso, el desnivel por kilómetro es similar a Frankfurt, de lo que se deduce que, subir lo que se dice subir, no se sube, sobre todo si lo comparamos con LZ.
AUSTRIA
Según recomendación expresa de Davidiego, vía comentario a vete a saber tú que entrada, ideal para un debut. Estoy por tomarle la palabra. El recorrido es aparentemente "sencillo". Dos vueltas de 84,7km, 687m de desnivel acumulado por vuelta, 8,1m/km. No pinta mal y seguro que en Austria nos lo pasábamos bien.
Y, por último, está el Ironcat, que no tiene el glamour de los anteriores, pero es muy barato y ¡completamente llano! Supongo que eso me debería animar, pero lo cierto es que no lo hace.
(Como nota final a este desbarre, decir que el Aviaman en su primera edición arrojaba un desnivel por km de 29,5. Es decir, convertido a IM sería un asesinato colectivo.)
Así que, ¿cuál elegir? Y yo que sé. Dejando a un lado que hay pruebas interesantes que también habría que plantearse, por ejemplo el Challenge Barcelona-Maresme, el asunto económico no es baladí. A la directora ya le he dicho alguna vez lo que cuestan las inscripciones (espero que lo haya olvidado), pero la cuestión es que también están los viajes. En mi caso, viajes de cuatro personas. Así, para volar a Lanzarote, por poner un ejemplo al azar, tendría que conseguir suficientes puntos con la tarjeta de fidelización. Para ello tendría que realizar no pocos vuelos transoceánicos, pero en ese caso no podría entrenar para un IM. Vaya, está descartado por el momento ir a LZ.
Y aquí es cuando la directora deportiva y el presidente de honor del Xocas Triathlon Team, mi padre, suspiran aliviados. Mi madre aún no se ha enterado de qué va todo esto y mi hija mayor...bueno, a mi hija mayor lo que le gustaría es que me clasificase para Hawaii. ¡Bendita inocencia!
Y una vez aclarado esto, una pequeña revisión de los perfiles ciclistas a los que les he echado un vistazo. ¿Por qué los perfiles ciclistas? Porque 180km pueden dar mucho de sí en función de como sea el terreno y las condiciones meteorológicas. Por si fuera poco, nunca he realizado un recorrido tan largo, así que todo son suposiciones e imaginaciones. Imaginaciones como la de ser capaz de nadar casi 4km, completar la bici sin caerme y hacer una carrerita de 42km...y pico. El mismo día.
Ordenados de mayor a menor interés en correrlos, al menos, los cuatro primeros.
LANZAROTE
2.551m de desnivel positivo acumulado. Para un total de 180,2km, esto hace una media de ascensión de 14,2m/km. Supongo que este índice es una soberana tontería, pero es curioso compararlos. El perfil es el siguiente:
Demoledor. Apenas 20km de descanso antes de la maratón. Éste sí que me gustaría hacerlo. Algún día, pero quizás no sea el ideal para debutar.
NIZA
A Niza me gustaría ir con o sin IM de por medio. Desde que vi "Atrapa a un ladrón" (y desde la primera vez, la he visto un montón de veces), tengo claro que me gustaría retirarme allí. De ser posible con un 911 cabrio y a los 39 años (aunque me temo que este año tampoco va a tocar). A lo que iba. Según de quien te fíes, el desnivel acumulado varía entre los 1.250m y los 4mil y pico (siempre hay a quien le gusta exagerar). Supongo que el dato más fiable es el de 1.800m, que arroja un desnivel por kilómetro de 10m/km.
Es decir, más sencillo que Lanzarote y, además, creo que es un perfil más llevadero. Entre otras cosas porque el final es mucho más sencillo (sobre el papel).
FRANKFURT
Sí, ya sé que Roth debería de ir antes, pero es que tengo ganas de visitar la ciudad. Además, la meta es una preciosidad. Tiene que molar ganar la carrera y beberse la jarra de cerveza, pero eso lo dejaremos para mi próxima reencarnación. El perfil es claramente más sencillo que los anteriores. Apenas 1.000m para 194km (eso dice la información oficial), arrojan unos "ridículos" 5,2m/km.
Definitivamente, podría ser una buena opción. Pero no creo que sea mi primera opción.
ROTH
La catedral del triatlón. Esa cuesta de la que nunca recuerdo el nombre. Los verdes boxes. Un pueblo volcado con los triatletas. ¿Debería de estar en primer lugar? No, Lanzarote sigue siendo el más deseado, pero según el día Roth oscila en cualquiera de las posiciones 2 a 4.
En cualquier caso, el desnivel por kilómetro es similar a Frankfurt, de lo que se deduce que, subir lo que se dice subir, no se sube, sobre todo si lo comparamos con LZ.
AUSTRIA
Según recomendación expresa de Davidiego, vía comentario a vete a saber tú que entrada, ideal para un debut. Estoy por tomarle la palabra. El recorrido es aparentemente "sencillo". Dos vueltas de 84,7km, 687m de desnivel acumulado por vuelta, 8,1m/km. No pinta mal y seguro que en Austria nos lo pasábamos bien.
Y, por último, está el Ironcat, que no tiene el glamour de los anteriores, pero es muy barato y ¡completamente llano! Supongo que eso me debería animar, pero lo cierto es que no lo hace.
(Como nota final a este desbarre, decir que el Aviaman en su primera edición arrojaba un desnivel por km de 29,5. Es decir, convertido a IM sería un asesinato colectivo.)
Así que, ¿cuál elegir? Y yo que sé. Dejando a un lado que hay pruebas interesantes que también habría que plantearse, por ejemplo el Challenge Barcelona-Maresme, el asunto económico no es baladí. A la directora ya le he dicho alguna vez lo que cuestan las inscripciones (espero que lo haya olvidado), pero la cuestión es que también están los viajes. En mi caso, viajes de cuatro personas. Así, para volar a Lanzarote, por poner un ejemplo al azar, tendría que conseguir suficientes puntos con la tarjeta de fidelización. Para ello tendría que realizar no pocos vuelos transoceánicos, pero en ese caso no podría entrenar para un IM. Vaya, está descartado por el momento ir a LZ.
Y aquí es cuando la directora deportiva y el presidente de honor del Xocas Triathlon Team, mi padre, suspiran aliviados. Mi madre aún no se ha enterado de qué va todo esto y mi hija mayor...bueno, a mi hija mayor lo que le gustaría es que me clasificase para Hawaii. ¡Bendita inocencia!
domingo, 27 de mayo de 2012
Un poco nervioso
Lo reconozco. Estoy un poco nervioso, un poco preocupado. Sé que el recorrido ciclista en Buelna no es precisamente llano. Por eso, este año he introducido más cuestas en los entrenos que el año pasado. Estaba claro que no se debía de entrenar Aveiro igual que Buelna, aunque las distancias sean las mismas. El caso es que tampoco me había detenido mucho en mirar si salvaba tal o cual desnivel en mis entrenos, pero se me dio por echar cuentas.
Todo empezó hace unas semanas cuando, leyendo sobre el IM de Lanzarote, me pregunté cuál era el desnivel positivo acumulado del segmento ciclista: 2.551m. Y dividí el desnivel entre el número de kilómetros. E hice la misma cuenta para Niza, y para Austria. Y ya puestos eché cuentas del Aviaman...y busqué el desnivel de Buelna. Para este último encontré una dispersión notable de valores que, en todo caso eran indicativos de que habrá que subir de lo lindo. No es que esto me disguste, ni mucho menos. Pero ha llegado el momento en el que me estoy preguntando si habré entrenado suficientemente cuesta arriba.
A poco más de un mes de la prueba, algunas cosas ya no tienen arreglo. Toca confiar en que, con la faena que está hecha y la que queda por hacer, llegaré en buenas condiciones. Después, tocará hacerlo lo mejor posible con lo que se tiene.
Todo empezó hace unas semanas cuando, leyendo sobre el IM de Lanzarote, me pregunté cuál era el desnivel positivo acumulado del segmento ciclista: 2.551m. Y dividí el desnivel entre el número de kilómetros. E hice la misma cuenta para Niza, y para Austria. Y ya puestos eché cuentas del Aviaman...y busqué el desnivel de Buelna. Para este último encontré una dispersión notable de valores que, en todo caso eran indicativos de que habrá que subir de lo lindo. No es que esto me disguste, ni mucho menos. Pero ha llegado el momento en el que me estoy preguntando si habré entrenado suficientemente cuesta arriba.
A poco más de un mes de la prueba, algunas cosas ya no tienen arreglo. Toca confiar en que, con la faena que está hecha y la que queda por hacer, llegaré en buenas condiciones. Después, tocará hacerlo lo mejor posible con lo que se tiene.
Me parece que los acoples no viajarán a Buelna.
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