Me encantan los documentales, sobre todo los relacionados con el mundo animal. También tengo cierta fijación por los árboles. Por esto, pienso muchas veces que me hubiese gustado ser uno de esos reporteros del mundo animal o vegetal, un fotógrafo del National Geographic (¿habéis leído el artículo de este mes de las secuoyas de la costa?), o un naturalista de los que viven un año en el trópico y al año siguiente pasan unos meses en la Antártida. Quizás lo pienso porque no lo he hecho. Me temo que nunca lo sabré.El caso es que desde hace poco más de un año he ganado interés por la medicina. Supongo que de tanto leer libros y revistas, que hablando de deporte también hablan del funcionamiento del cuerpo, de leer a doctores blogueros, y últimamente por visitar al fisio con frecuencia, se ha desarrollado en mi una nueva inquietud. ¡Quién lo diría!
Por consiguiente, y retomando la idea inicial, si ahora tuviese que elegir una nueva orientación profesional, es más que posible que estuviese tan perdido como a los diecisiete años (porque hay más conocimientos que me interesan, como las matemáticas puras, ahí es nada). Ni los mayores saben lo que hacen los mayores. Vaya, veo que soy capaz de opinar una cosa y lo contrario. ¡Bah!, como todo el mundo.
La foto es, evidentemente, del artículo de este mes del National Geographic.






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