

Excepto la última foto, claramente, las demás las he quitado de las Web de las que doy el enlace (memoria la mía, ¡me olvidé la cámara en casa!).
Me parece que he visto demasiados capítulos de Al filo de lo imposible
El sábado reflexionaba sobre la aventura y los aventureros. Los que se dejan llevar por una pasión y siguen un camino distinto al resto. Tienen el valor de hacerlo, eligen una libertad y pagan el precio de ella. Pero también me interesa la parte del que queda esperando. Aquella persona que no elegió la aventura, pero sufre las consecuencias. Porque el que toma la decisión de irse, sabe, o debería saber, que el camino tendrá su parte buena y su parte mala. Y acepta todo como parte del viaje. Empecé la entrada con un texto de Miriam García Pascual y recomiendo absolutamente la lectura de Bájame una estrella. De este libro llama la atención lo mucho que dice con tan pocas palabras, y son impresionantes los fragmentos de las cartas de la madre de Miriam. La que no pudo elegir.
Otra cuestión es si se elige ser considerado con los que te rodean, porque no se tiene el valor de elegir la libertad.
Buenas noches, o días.
¡Pero el día estaba ganado!
Ya no digo de tener el Lago Castiñeiras encima de mi cabeza, ¡pero no estaría mal!
Sería magnífico que hubiese muchos jardines en los tejados. ¿Os imagináis viviendo en un piso alto, subir a la azotea y disfrutar de un jardín, además de la vista que proporciona la altura? Si el cine ha conseguido que los tejados sean lugares especiales siendo de cemento y hormigón, ¡qué sería pisando un cesped de tréboles!
Parece que ahora es técnicamente viable, ya que se han resuelto problemas que hace unos años condicionaban este tipo de soluciones. Los beneficios, aparte de estéticos, se traducen en una mejor eficiencia energética del edificio y en que se evitarían las escorrentías. Claro que habría que pensar en cómo poner de acuerdo a la comunidad de vecinos para el mantenimiento del jardían. ¡Otra batalla más! Pero por mi que no quede.